La habitación estaba en silencio cuando Naven Fort entró.
Cerró la puerta con suavidad, pero su presencia llenó el espacio de inmediato. Alto, firme, con esa misma aura de autoridad que compartía con su hermano, aunque su temperamento era distinto: más directo, más frío.
Axel estaba recostado, con el semblante más recuperado que el día anterior, pero aún evidente el desgaste físico.
—Te ves menos muerto —comentó Naven, tomando asiento frente a la cama.
Axel alzó una ceja.
—Siempre tan sensible.