La madrugada caía pesada cuando Axel abrió la puerta de la villa. El silencio retumbaba en los pasillos como si todos los rincones quisieran juzgarlo. Aún quedaban restos del alcohol en su cuerpo, no estaba completamente perdido, pero sí lo suficiente para que su humor se encontrara turbio y sus pensamientos cargados.
Empujó la puerta de la habitación.
La luz tenue del velador se filtraba, iluminando la silueta de Catalina, acurrucada en la cama, con la manta cubriéndole todo el cuerpo excepto