Mike llevó a Isabella hasta una habitación, su corazón latiendo con fuerza mientras la guiaba.
Había algo en su mirada que lo llenaba de determinación; sabía que debía protegerla a toda costa.
Pronto, un doctor entró en la habitación para revisarla. Mike esperó afuera, su mente agitada por la preocupación y la incertidumbre.
Mientras tanto, Kaen, estaba desesperado, angustiado, intentó entrar en la habitación, pero Mike lo detuvo con firmeza.
—Deje de molestar a Alfa Isabella.
—¿Cómo te atreves,