—¡Nunca me uniré a Claire! —gritó Alfa Kaen, su voz resonando con una fuerza que parecía sacudir los cimientos de la mansión. Con determinación, salió hasta la puerta, donde lo esperaba un mar de lobos, sus miradas llenas de reproche y desconfianza. Era una multitud de rostros, cada uno reflejando la angustia y la ira acumuladas por la ausencia de su Luna.
Kaen se plantó firme, su presencia imponente calmó momentáneamente la agitación que lo rodeaba. Con una orden de Alfa, hizo que todos se dobl