—¡Mientes! ¡No hicimos nada! ¡No me apareé contigo! ¡Estás mintiendo! —gritó el Alfa Kaen, su voz resonando en la oscuridad de la noche.
La furia ardía en su pecho como un fuego incontrolable. Cada palabra de Claire era como un puñal que lo atravesaba, y su corazón latía con una mezcla de rabia y confusión.
Claire, con lágrimas en los ojos, sollozaba mientras sentía que su mundo se desmoronaba.
La desesperación la consumía, pero había un destello de astucia en su mirada, un brillo que no podía o