—Esta noche se harán los rituales de purificación —anunció el anciano mayor con voz solemne, cada palabra cargada de tradición—. Y pasado mañana, a las tres de la mañana, en la hora exacta de la Luna nueva, se celebrará el ritual de coronación. ¡Felicidades, Luna Isabella! Tu padre estaría orgulloso de ti.
Las palabras resonaron en el aire como campanas sagradas.
Isabella sonrió, pero tras esa sonrisa había una punzada de nostalgia que la atravesó.
Su corazón latió con fuerza, y por un instante