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—Soy su amiga, no su madre —objetó la castaña—. Ya tenía suficiente con los sermones que le doy. Sofía es más cabezota y testaruda que nada. Te dejo el regaño a ti; por eso te llamé.
—¿A qué te refieres con sermones...? —Fernando tenía curiosidad por saber de qué hablaban Sofía y Jessy, pero la castaña claramente no le diría nada.
—F-Fernando... llévame a casa —murmuró Sofía, somnolienta, mientras él la sostenía firmemente para que no cayera.
—Es mejor que te la lleves. —Jessy asintió y le dio