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Esa mujer se merecía todo lo malo que le estuviera pasando, así que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Tenía que vengarse, y qué mejor forma que con ella, quien estaba tan dispuesta para él, que prácticamente se estaba cediendo a sí misma en bandeja de plata.
Lo miró con sus ojos brillantes, pensando que tal vez eso haría que reaccionara, pero nada funcionó cuando lo vio alejarse más, dándole la espalda.
—Fernando, ¿qué pasa? —La peli naranja se acercó a él y trató de tocar su homb