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Mérida se quedó en silencio cuando unas risas provinieron del interior de la oficina. Sofía frunció el ceño aún más, reconociendo de inmediato esa risa que tanto le desagradaba. No le importó nada más; ignorando a la secretaria, abrió la puerta de golpe.
Se quedó estática al ver a Eliza besando a Fernando mientras él correspondía, aunque de manera cortante. Pero lo que más la lastimó no fue la presencia de Eliza, sino el hecho de que Fernando no la apartara de inmediato. Sofía sintió su corazón