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Se llevó las manos al rostro y respiró profundamente, tratando de calmarse, pero el vacío en su pecho solo crecía. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió completamente sola.
Yuri no dijo nada más y salió de la habitación, percibiendo la incomodidad de Sofía al escuchar el nombre de Eliza. La rubia, molesta, se levantó de mala gana y se dirigió al baño, dejando su desayuno a medias. Su apetito era inexistente debido a las náuseas, sumadas al enfado que la embargaba.
Se dio una ducha extensa,