.24.
El rostro de Sofía se descompuso al escuchar esas palabras. Eso sí no lo había visto venir. Sentía cómo su corazón se estrujaba al imaginar lo que eso implicaba.
—¿Entonces, además de vivir aquí, también trabajará con tu hermano? —preguntó, esforzándose por mantener la calma. Sol, ajena a la molestia en su voz, asintió sin percatarse del cambio en su ánimo.
—Porfa, ayúdame. Te lo recompensaré después —insistió Sol con una mirada suplicante.
Sofía, todavía perdida en sus pensamientos, solo asint