El bosque estaba sumido en un silencio antinatural.
Eira se detuvo en seco. Las hojas no crujĂan bajo sus pies. El viento no soplaba. Ni siquiera los animales se movĂan. Todo se sentĂa... contenido. Como si el propio bosque contuviera el aliento.
A su lado, Aidan fruncĂa el ceño, su lobo apenas contenido bajo la piel. Lo sentĂa vibrar como una fuerza en tensiĂłn. Desde el ritual del eclipse, la conexiĂłn entre ambos se habĂa vuelto aĂşn más intensa, pero tambiĂ©n más peligrosa. Algo dentro de Ă©l,