La noche habĂa caĂdo como un velo sobre los bosques helados. Eira caminaba sola entre la niebla, siguiendo un rastro que sĂłlo ella parecĂa percibir. A su espalda, la comunidad descansaba, pero en su pecho, la inquietud no le permitĂa cerrar los ojos.
Desde la Ășltima reuniĂłn del Consejo, las miradas habĂan cambiado. Algunos miembros, sobre todo los mĂĄs antiguos, comenzaban a verla no solo como una lĂder potencial⊠sino como un sĂmbolo. Pero no todos los sĂmbolos son aceptados fĂĄcilmente. Y meno