La noche habĂa caĂdo con una quietud inusual, como si el bosque entero contuviera el aliento. Eira despertĂł sudando, aunque el aire era frĂo y denso. HabĂa soñado con una voz. No con palabras… sino con un eco. Uno que le hablaba desde lo profundo de la tierra. Uno que parecĂa... conocerla.
Al salir de la cabaña, sus pies se hundieron ligeramente en el suelo húmedo, y un susurro apenas audible recorrió los árboles, llamándola por su nombre.
—Eira… vuelve… recuerda…
Se estremeciĂł.
Desde que e