El viento del amanecer soplaba frĂo sobre la llanura mientras Eira sostenĂa con firmeza el colgante que Aidan le habĂa dado la noche anterior. El cristal aĂşn palpitaba suavemente, como si una energĂa ancestral lo habitara, una que solo respondĂa a quienes habĂan sido tocados por la maldiciĂłn... o por el amor.
La comunidad dormĂa todavĂa, pero Eira habĂa sentido el llamado. Una voz suave, susurrante, casi como un eco del pasado. Le hablaba desde el corazĂłn del bosque, desde las raĂces más profu