La noche habĂa caĂdo, pero el silencio no trajo paz. Eira observaba el cielo estrellado desde la cima de la colina, la misma donde años atrás solĂa esconderse para llorar en soledad. Ahora no estaba sola. El viento susurraba entre los árboles, y cada hoja parecĂa arrastrar consigo un recuerdo, una pregunta, una advertencia.
Aidan se acercó sin hacer ruido, como si supiera que ella necesitaba tiempo, pero también su presencia. Se sentó a su lado, sin decir nada al principio. Solo la miró, como s