El eco de las palabras de Elira pareciĂł suspender el tiempo. La caverna susurraba con un viento ancestral que no venĂa de ningĂşn lugar visible. Kael se girĂł lentamente hacia ella, sus ojos reflejando una mezcla de asombro y alarma.
—¿Qué dijiste? —susurró, su voz temblando apenas.
—Alguien... dentro de mĂ... lo reconociĂł —repitiĂł ella, llevándose la mano al pecho—. No sĂ© cĂłmo explicarlo, Kael. Fue como si un recuerdo despertara de golpe. Pero no era mĂo... o no solo mĂo.
Kael dio un paso hacia