El eco de su nombre aĂşn flotaba en el aire.
—Eira…
Kael la habĂa llamado con una voz que ya no sonaba a sĂşplica, ni a desesperaciĂłn. Era una mezcla de poder contenido y devociĂłn absoluta. Pero ella no se volviĂł, no aĂşn. Porque lo que sentĂa dentro era un torbellino tan intenso que le quemaba la piel.
Acababa de ver con sus propios ojos una de sus visiones: su yo pasado, una mujer de mirada afilada y porte majestuoso, parada entre lobos y fuego. Y Kael… Ă©l tambiĂ©n estaba ahĂ, pero con otra forma