El silencio tras las palabras de Kael se convirtiĂł en una espiral de tensiĂłn que lo envolvĂa todo. El fuego crepitaba dĂ©bilmente en la cueva, proyectando sombras que danzaban sobre las paredes de piedra. Elira apenas respiraba, la espalda contra el pecho de Kael, su corazĂłn latiendo al ritmo de un tambor antiguo, como si algo antiguo despertara con cada uno de sus latidos.
—¿Qué juramento hiciste? —preguntó ella, en un susurro tembloroso.
Kael cerrĂł los ojos por un momento. Sus brazos se tensaro