El grito desgarrador de Kaelan aĂșn parecĂa flotar en el aire, suspendido entre los ĂĄrboles como un eco antiguo. Eira no se movĂa. Su cuerpo, cubierto de sangre âno toda suyaâ temblaba, pero no de miedo⊠sino de ira. Una ira antigua, salvaje y profunda, que le rugĂa desde el vientre, desde la marca que ardĂa en su piel como si las llamas de la luna misma la hubieran besado.
La criatura que habĂa intentado matarla yacĂa a sus pies, irreconocible. Su propia magia, aĂșn descontrolada, lo habĂa reduc