Mundo ficciónIniciar sesiónEvie siempre fue la sombra de su ambiciosa hermana, Roseanne, en la Manada Blood-Crag. Pero el destino le otorgó el regalo más peligroso: su mate es Lysander, el despiadado y dominante Alfa de la manada. Sin embargo, el sueño se convierte en pesadilla cuando, frente a todos, Lysander la desprecia: —"Yo, Lysander, te rechazo, Evie. Una mujer sin loba no puede ser mi Luna. Tomaré a Roseanne en tu lugar"—. Desterrada y con el corazón destrozado, Evie huye hacia lo desconocido, descubriendo poco después que no se fue sola: lleva en su vientre a los herederos del hombre que la humilló. Cinco años después, Evie regresa. Ya no es la joven indefensa; su loba ha despertado y es más poderosa de lo que nadie imaginó. Pero su prioridad son Félix y Cyra, sus hijos, quienes poseen los ojos grises y el aura de mando de su padre. Cuando Lysander se cruce en su camino, el Alfa reclamará lo que es suyo, pero Evie tiene otros planes. Él la rechazó como su mujer, ahora ella le prohibirá ser su Alfa.
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El salón ceremonial de la Manada Blood-Crag olía a incienso, piel y una tensión eléctrica que hacía que los vellos de mis brazos se erizaran. Era la noche del solsticio, la noche en que el destino finalmente reclamaría su lugar. Para cualquier loba, este era el momento más sagrado de su vida; para mí, era el día en que mi existencia finalmente cobraría sentido. Me ajusté el vestido blanco, una prenda sencilla que mi madre me había dejado antes de morir. Mis manos temblaban tanto que apenas podía alisar la tela sobre mis caderas. No era solo nerviosismo; era el vínculo. Desde que Lysander había regresado de las tierras del norte para reclamar su trono como Alfa, mi cuerpo no me pertenecía. Cada vez que él pasaba cerca, mi sangre hervía y un aroma a bosque húmedo y tormenta inundaba mis sentidos, marcándolo como mío. —¿Todavía tienes esperanzas, Evie? —la voz de mi hermana, Roseanne, cortó mis pensamientos como un látigo. Me giré para verla. Ella era la perfección hecha loba. Su cabello caía en ondas doradas sobre un vestido de seda roja que se ajustaba a sus curvas como una segunda piel. Roseanne no solo era hermosa; era una guerrera cuya loba era admirada por toda la manada. —Él es mi mate, Roseanne. Lo siento en mi alma —susurré, tratando de mantener la dignidad. Roseanne soltó una carcajada gélida mientras se aplicaba un labial rojo sangre. —El destino comete errores, hermanita. ¿De qué le sirve a un Alfa una Luna cuya loba ni siquiera ha despertado? Eres una vergüenza para el linaje de nuestro padre. Mírate, eres prácticamente una humana. Lysander necesita una reina que pueda luchar a su lado, no una carga que deba ser protegida. —Él me elegirá —repetí, aunque por dentro mis dudas crecían como sombras. Las puertas del gran salón se abrieron y el silencio cayó como una losa de piedra. El aire se volvió pesado, cargado con el aura de mando de un depredador alfa. Lysander entró. Era imponente, más de un metro noventa de puro músculo y autoridad. Su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado y sus ojos, de un gris tormentoso, escaneaban la multitud con una frialdad que hacía que los guerreros más veteranos bajaran la cabeza en señal de respeto. Caminó hacia el estrado con una elegancia animal. Cada paso suyo resonaba en mi corazón. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí una descarga eléctrica que me dejó sin aliento. El vínculo gritó en mi cabeza: ¡MÍO! ¡ALFA! Él se detuvo en el centro del estrado y nos miró a todos. La ceremonia de emparejamiento era el evento más importante en Blood-Crag. El Alfa debía presentar a su Luna para asegurar la estabilidad de la manada. —Miembros de Blood-Crag —su voz, profunda y vibrante, llenó cada rincón del salón—. Como su Alfa, mi deber es fortalecer nuestro linaje. El destino es caprichoso, y a veces nos une a aquello que menos esperamos. Mi corazón martilleaba contra mis costillas. Lysander bajó los escalones del estrado y caminó directamente hacia donde estábamos mi hermana y yo. Mi respiración se volvió errática. El aroma a bosque y trueno de Lysander me envolvía, reclamando cada fibra de mi ser. Él se detuvo frente a mí. Su mirada gris se clavó en la mía y por un segundo, juro que vi una chispa de deseo, de reconocimiento. Estiré mi mano, esperando que la tomara, esperando que el mundo entero viera que yo, la pequeña y "débil" Evie, era la elegida del Alfa más poderoso que habíamos tenido en décadas. Pero su mano no buscó la mía. —Evie —dijo, y su voz ya no era cálida, sino gélida como el invierno—. Siento el vínculo. No puedo negar que la Diosa Luna te puso en mi camino. El salón entero contuvo el aliento. Roseanne, a mi lado, mantenía una sonrisa enigmática. —Sin embargo —continuó Lysander, y sentí un nudo en la garganta—, un Alfa no solo vive de instintos. Un Alfa debe pensar en su pueblo. Nuestra manada está rodeada de enemigos, y la debilidad es una sentencia de muerte. Tu loba no ha despertado, Evie. Eres una cáscara vacía de lo que una Luna debería ser. —Lysander... por favor —supliqué en un susurro, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a nublar mi vista. Él se alejó un paso, como si mi cercanía le molestara. Elevó la voz para que hasta el último lobo en el fondo del salón pudiera escucharlo. —No puedo aceptar a una mujer débil como mi compañera. No permitiré que mi linaje se manche con una sangre que no puede ni transformarse. Por el bienestar de Blood-Crag y por mi propio honor... Yo, Lysander, Alfa de esta manada, te rechazo como mi Luna, Evie. El dolor fue instantáneo. Fue como si un rayo me atravesara el pecho, desgarrando el hilo invisible que unía nuestras almas. El vínculo de mate se rompió con un estallido agonizante que me hizo caer de rodillas sobre el frío suelo de mármol. El salón estalló en murmullos crueles y risas ahogadas. Podía sentir el desprecio de todos, las miradas de lástima que eran peores que los insultos. —Y para asegurar la fuerza de mi mando —agregó Lysander, sin mirar siquiera mi cuerpo tembloroso en el suelo—, tomo a Roseanne como mi verdadera compañera. Ella tiene la fuerza, el colmillo y la sangre que esta manada merece. Roseanne se adelantó y tomó la mano de Lysander. Él la atrajo hacia sí y la besó frente a todos, sellando mi humillación. Mi propia hermana me miró por encima del hombro, con una chispa de odio puro en sus ojos, mientras se regodeaba en su victoria. Me levanté como pude, con las piernas temblando y el alma hecha pedazos. Nadie me detuvo cuando caminé hacia la salida. Era una paria, una rechazada. Al salir al aire frío de la noche, apreté mi vientre con ambas manos. Una ironía amarga me golpeó. Esa misma mañana, después de semanas de sentirme extraña, había visitado a la curandera en secreto. El resultado había sido claro. Estaba embarazada. Lysander me había rechazado por ser "débil" y por no tener una loba, sin saber que en mi interior crecían los herederos de su propia sangre. Sus hijos, los futuros Alfas, estaban latiendo dentro de mí mientras él celebraba su unión con la mujer que me había hecho la vida imposible. —No te tendrán —susurré hacia la oscuridad del bosque, mientras las primeras lágrimas de rabia caían por mis mejillas—. Ni a ellos, ni a mí. Esa noche, mientras la manada celebraba la fiesta de compromiso de Lysander y Roseanne, yo empacaba una pequeña mochila. No me iría como una víctima; me iría para proteger lo único puro que me quedaba. Lysander quería una reina de sangre fuerte, y yo me aseguraría de que nunca supiera que su verdadera fuerza acababa de cruzar la frontera de la manada para no volver jamás. O al menos, eso creía yo esa noche, sin saber que el destino tiene una forma muy retorcida de cobrar las deudas.POV EVIEEl ascenso se detuvo abruptamente donde el bosque de pinos moría para dar paso a un desierto de ceniza y nieve. El aire aquí no solo era frío; era estático, como si el tiempo se hubiera congelado por un decreto divino. Ante nosotros, el Pico del Olvido se alzaba como una lanza de obsidiana que hería el cielo plomizo. No había huellas de animales, ni el canto de los pájaros. Solo el silbido del viento entre las rocas afiladas.Lysander caminaba a mi lado, con el torso vendado bajo sus pieles tras el ataque de los espectros. Aunque sus heridas habían cerrado gracias a mi toque, el veneno de sombra había dejado una palidez inusual en sus mejillas. Sin embargo, su mirada no se apartaba del horizonte, protegiendo nuestro flanco con una ferocidad silenciosa.—Estamos cerca —dijo él, su voz resonando en el vacío del valle—. Puedo sentir una presión en mis oídos. Es una barrera de protección antigua. Solo alguien con sangre real puede cruzarla sin ser incinerado.—Mi madre solía deci
El frío del norte no pedía permiso; simplemente se instalaba en los huesos, recordándote que en estas tierras, la vida era un privilegio y no un derecho. Habíamos dejado la mansión de Blood-Crag bajo el manto de una medianoche sin estrellas, moviéndonos como sombras entre los senderos que solo los lobos de linaje puro conocían. Lysander lideraba la marcha en su forma humana, envuelto en pieles oscuras que acentuaban la dureza de su mandíbula y el brillo vigilante de sus ojos grises.Detrás de él, yo caminaba con el mapa estelar de mi padre grabado en la memoria. Félix y Cyra iban en medio de nosotros, protegidos por un círculo de cuatro guerreros de élite, los únicos en los que Lysander confiaba plenamente tras la traición de Roseanne.El ascenso hacia el Pico del Olvido era lento. El terreno se volvía más escarpado con cada kilómetro, y el aire empezaba a escasear. Sin embargo, lo que más me pesaba no era el esfuerzo físico, sino el silencio tenso que se extendía entre Lysander y yo.
POV EVIEEl amanecer sobre la Manada Blood-Crag no trajo la luz dorada de la esperanza, sino un gris ceniciento que parecía reflejar el estado de la mansión. El olor a ozono y sangre todavía se aferraba a las cortinas del ala de la Luna. El cuerpo de Roseanne ya no estaba en el suelo; los guardias se lo habían llevado en silencio, cumpliendo las órdenes de un Lysander que no había dormido un solo segundo.Yo estaba sentada en el borde de la cama de los niños, observando cómo dormían. Cyra tenía las mejillas rosadas de nuevo, gracias al antídoto y a la protección de su hermano, quien incluso en sueños mantenía su mano entrelazada con la de ella. Félix tenía el ceño fruncido, una marca de madurez prematura que me partía el alma. Habían visto demasiado. Habían visto a su madre transformarse en una guerrera de luz y a su padre biológico matar a su propia tía para salvarlos.—No dejaré que el mundo los rompa —susurré, acariciando el cabello oscuro de Félix—. No mientras me quede un suspiro
POV EVIEEl aire en la mansión de Blood-Crag cambió en un latido. Ya no olía a banquete y cera de velas; ahora el ambiente estaba saturado con el hedor a azufre y a lobo muerto. El grito del guardia aún resonaba en las vigas del comedor cuando Lysander se lanzó hacia la salida, su cuerpo transformándose en el aire, sus ropas desgarrándose para dar paso al enorme lobo negro que lideraba la manada.—¡Evie, ve con los niños! —rugió mentalmente a través del vínculo que, a pesar de mis barreras, volvía a vibrar con una urgencia aterradora.No le respondí. No tenía tiempo para discusiones. Corrí por los pasillos de mármol, esquivando a sirvientes que gritaban y a guerreros que se armaban a toda prisa. Mis dagas de plata brillaban en mis manos, pero sentía a Silver, mi loba blanca, arañando las paredes de mi mente. Ella no quería dagas. Ella quería sangre.Llegué al ala de la Luna en segundos. La puerta de la habitación de los niños estaba custodiada por dos guardias, pero sus ojos estaban f
POV EVIEEl silencio que siguió a la caída de Roseanne fue más ruidoso que cualquier aullido. Mientras los guardias la arrastraban hacia las celdas subterráneas de la mansión, el Gran Salón de Blood-Crag quedó sumido en un estupor colectivo. Yo me mantuve firme en el estrado, con las manos apoyadas en los hombros de Félix y Cyra. Podía sentir el calor de sus pequeños cuerpos, la prueba viviente de que mi sacrificio no había sido en vano.Lysander se encontraba a unos pasos, observándome con una intensidad que quemaba. Había una mezcla de triunfo y una angustia palpable en su mirada. Él quería acercarse, quería reclamarme frente a todos como su Luna, pero el muro de hielo que yo había construido alrededor de mi corazón era infranqueable.—Lleven a los niños a sus habitaciones —ordené, mi voz cortando la tensión del aire. No fue una petición; fue un comando que los criados obedecieron al instante, intimidados por el aura plateada que aún bailaba en mis ojos.—Mamá, ¿te quedarás con noso
POV EVIELa mañana en la mansión Blood-Crag no trajo paz, sino una atmósfera cargada de pólvora. Me desperté antes de que el sol terminara de asomar por las montañas, sintiendo el peso de la camisa de Lysander sobre mi piel. Él ya no estaba en el sofá. Las sábanas del mueble estaban perfectamente dobladas, pero su aroma a tormenta seguía flotando en el aire, recordándome que nuestra tregua era tan frágil como el cristal.Me puse en pie, ignorando el dolor punzante en mis músculos. Mi primera parada fue la enfermería. Al entrar, mi corazón recuperó su ritmo normal: Cyra estaba sentada en la cama, bebiendo un caldo caliente mientras Félix le contaba una historia con gestos exagerados.—¡Mamá! —Cyra estiró sus bracitos hacia mí. Su piel ya no estaba azulada, y sus ojos brillaban con la claridad del cielo tras la lluvia.—Estás bien, mi vida —susurré, abrazándola con una fuerza que me hizo flaquear.—El Alfa estuvo aquí —dijo Félix, con una nota de sospecha en su voz infantil—. Trajo esta
Último capítulo