El dolor la despertĂł antes que el amanecer. No era fĂsico, sino más bien una punzada honda, como si algo dentro de ella hubiese sido arrancado. Elira se sentĂł en el jergĂłn improvisado, jadeando, las manos temblorosas. HabĂa soñado con fuego. Con sangre. Con una voz masculina que gritaba su nombre en la oscuridad, rompiĂ©ndose en un eco desgarrador. Y luego… el silencio.
Kael dormĂa a su lado, envuelto en mantas, el ceño levemente fruncido incluso en el descanso. Elira lo mirĂł con una mezcla de t