La acusación II

Valerius se quedó inmóvil. El silencio que siguió a las palabras de Kael fue tan denso que Sia sintió que el oxígeno se escapaba. Valerius parpadeó varias veces, su mano izquierda, que todavía sujetaba el brazo de Sia, aflojó la presión por el impacto. El lobo en su interior guardó un silencio expectante, como si supiera que la verdad estaba a punto de emerger.

—¿Desaparecida? —repitió Valerius con una voz que parecía no pertenecerle—. El mensaje decía claramente que había muerto hace tres hora
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