Mundo ficciónIniciar sesiónEl Alfa Lukas Hawthorne solo accedió a un matrimonio arreglado con Mia Bennett porque solo ella podía levantar su maldición. Era la hija de un Alfa y su pareja destinada, pero a él no le importaba. Su plan era simple. Usarla y desecharla para casarse con la mujer que realmente amaba. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Juntos deben confrontar su temible pasado, secretos enterrados durante mucho tiempo y tomar varias decisiones que amenazan sus vidas.
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DOS SEMANAS ATRÁS
—¡Limpia el suelo hasta que quede impecable! No quiero ver ni una sola mota de suciedad cuando regrese —ordenó Luna Lilian, mi madrastra, antes de salir.
Como hija de un Alfa, mi situación era peor que la de un omega.
Me incliné y empecé a frotar el suelo cuando Teresa apareció con sus amigas. Se rio con sorna y tiró la taza de café que sostenía al suelo, derramando parte del contenido.
Yo tenía veinte años, mientras que Teresa y su hermano gemelo, mis hermanastros, tenían diecisiete, pero nunca me trataron como a su hermana mayor.
A pesar de todo, tenía un expediente académico sobresaliente que me permitió entrar a la universidad muy temprano. Ya había terminado la universidad porque mi educación fue más rápida que la de mis hermanastros. Solo eso los volvía locos.
—¡Ups! No te vi ahí —dijo su voz, claramente cargada de burla.
Solo pude mirarla con odio.
—¿Qué m****a estás mirando? —Me pateó en el estómago y caí hacia atrás. Mi ropa quedó empapada. Sus amigas estallaron en carcajadas.
Malditos niños mimados.
Mi padre estaba originalmente emparejado con mi madre, pero ella murió cuando yo tenía tres años. Como Alfa, no se le permitía estar sin una Luna, así que se casó con Lilian, que en ese entonces era una beta. Desde entonces, mi vida se había convertido en un infierno.
Solo había una cosa que deseaba: encontrar a mi pareja lo antes posible y dejar atrás esta patética existencia.
La diosa de la luna finalmente concedió mi deseo.
Era una tranquila tarde de mediados de agosto. La dupla madre-hija había salido a una fiesta y yo estaba disfrutando de un merecido descanso cuando llegó una carta para mi padre, el Alfa Noah, Alfa de la manada Nightshade.
Ese día había llegado más temprano de lo habitual. Entré en su estudio y le entregué la carta sellada.
Curioso, la abrió y cuanto más leía, más sombrío se volvía su rostro. Su mandíbula se tensó visiblemente y soltó un gruñido bajo y profundo.
Un escalofrío recorrió mi espalda, así que me di la vuelta y salí de puntillas, con cuidado de no molestarlo.
Sentía curiosidad por saber qué lo había enfadado tanto.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, se aclaró la garganta y me habló:
—Prepárate. La manada Red Moon organiza una fiesta de toma de posesión esta noche. Vendrás conmigo.
Teresa se animó, emocionada.
—¿Manada Red Moon? ¿De verdad vamos a ir?
Él se volvió hacia ella con una expresión fría como el hielo.
—Tú te quedarás. Solo iremos Mia y yo —respondió con firmeza.
Sus hombros se hundieron por la decepción. Luna Lilian y su hija me miraron a escondidas, verdes de envidia.
—¿Me oíste? —me dijo, y yo asentí.
—Sí, Alfa.
Cada vez que asistía a una fiesta, solo llevaba a Luna Lilian y a nadie más. Me preguntaba por qué esta vez era diferente.
Busqué en mi armario y no había ni un solo vestido decente para ponerme. Toda la ropa que tenía eran prendas usadas de Teresa y estaban todas gastadas y dañadas.
Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que me sacó sangre.
De repente, escuché un golpe en la puerta. Era una de las sirvientas, que llevaba una caja grande.
—El Alfa Noah me pidió que te la diera.
Dentro había un elegante vestido de noche verde con un par de zapatos a juego.
Cuando terminé de arreglarme, mi padre ya estaba esperando junto al auto. En el momento en que me vio, podría jurar que vi un destello de apreciación en sus ojos.
La manada Red Moon, una de las más poderosas del mundo, temida y respetada por muchos.
Ubicada en una gran isla, frente a la costa noroeste del continente americano, en lo profundo del bosque de Alaska.
Era una de las manadas más antiguas, con una cultura profundamente arraigada. Tenía muchos miembros y controlaba varios negocios exitosos y lucrativos. Otras manadas matarían por hacer negocios con ellos.
La manada Nightshade no podía compararse.
Ellos eran una tormenta; nosotros solo una ondulación.
La fiesta ya había comenzado cuando llegamos.
Todavía sin entender por qué me habían llevado allí, me senté en silencio en un rincón, mirando alrededor como un gatito tímido mientras mi padre socializaba. De pronto, escuché una voz en mi cabeza. Una que no había oído en mucho tiempo.
—¡¡Pareja!!
Era Nora, mi loba. Había estado en silencio durante tanto tiempo. Probablemente no había sentido la necesidad de aparecer.
—¿Qué?
¿Mi pareja estaba aquí?
De repente, el aroma a almizcle y cedro llenó mis fosas nasales.
Mis piernas se movieron por sí solas, atraídas por el olor, como polillas hacia la llama.
Me abrí paso entre la multitud, siguiendo el aroma, y terminé en un jardín.
El olor se había intensificado, lo que significaba que la fuente estaba allí.
Estaba a punto de irme cuando vi la silueta de alguien.
Intenté moverme en silencio, pero en cuanto di un paso, él se volvió en mi dirección. Me encontré con los ojos azules más hipnóticos que había visto.
Me quedé paralizada y lo único que pude hacer fue mirar al dios griego que estaba a pocos metros de mí.
Entre su dedo índice y medio sostenía un cigarrillo encendido y, diosa, soplar anillos de humo mientras mantenía sus ojos fijos en los míos tenía que ser lo más sexy que había visto en mi vida.
A pesar de la fría brisa nocturna, todo mi cuerpo ardía. Mi rostro se sonrojó por completo y mi estómago tembló.
—¡Pareja! —repitió Nora felizmente, sacándome de mi ensimismamiento.
Espera… ¿¡qué!?
¿Este desconocido de cuerpo bien formado y ojos azules ardientes era mi pareja?
Imposible.
Mi atención volvió a él cuando empezó a caminar hacia mí.
Me quedé clavada en el sitio.
Estas malditas piernas no se mueven justo cuando las necesitas.
Incapaz de mirarlo a los ojos, clavé la vista en la hierba bajo mis pies, preguntándome qué iba a decir, pero para mi sorpresa, él me esquivó y se alejó sin decir ni una sola palabra.
Me quedé mirando su espalda mientras se retiraba, atónita.
¿No sintió el vínculo de pareja?
No podía irme sin obtener respuestas.
—Disculpe, ¿puede esperar? —grité, corriendo tras él, pero no se volvió.
Ni una sola vez.
No importaba lo rápido que corriera, no podía seguir su ritmo, así que me rendí, jadeando.
Me senté para recuperar el aliento antes de regresar al salón donde mi padre me esperaba.
—Te he estado buscando por todas partes. ¿Dónde estabas?
—Eh… salí a tomar un poco de aire fresco.
El Alfa Mateo de la manada Red Moon subió al escenario. Su voz retumbó por los altavoces, interrumpiendo nuestra conversación. Era un hombre alto, de unos sesenta y tantos años. Con solo mirarlo se notaba que había sido increíblemente atractivo en su juventud.
—Buenas noches, damas y caballeros. Quiero darles las gracias a todos por acompañarme mientras entrego este cargo a mi hijo mayor, Lukas. A partir de hoy, ya no soy el Alfa de la manada Red Moon —concluyó su discurso e invitó a su hijo al escenario.
Me congelé cuando vi al hombre que acababa de encontrar minutos antes subir al escenario.
Mis ojos quedaron pegados a él, pero no pude escuchar ni una palabra de lo que dijo. El fuerte aplauso que indicó el final de su discurso me sacó de mi trance.
Bajó del escenario y se dirigió a la mesa de sus padres.
—Sígueme —me ordenó mi padre.
Llegamos a la mesa del Alfa Lukas. Yo mantenía la mirada en el suelo. Mi padre le estrechó la mano y lo felicitó.
Dibujaba círculos invisibles con los pies, mordiéndome los labios nerviosamente.
—Esta es mi hija, Mia —me dio un toque—. Saluda.
Levanté la vista y vi que Lukas me estaba mirando. Aparté rápidamente la mirada, forzando una sonrisa mientras saludaba a sus padres.
—Es preciosa, tal como esperaba —dijo el Alfa Mateo sonriendo.
Miró a su hijo y luego a mí.
—Supongo que aún no se conocen. Lukas, te presento a tu prometida.
Mis ojos se abrieron como platos.
—¿¡Qué!?
Lukas:—Señor, hay una visitante en su oficina.La voz de mi secretaria me detuvo.—¿Quién es?Ella retorció los dedos nerviosamente.—Yo… no lo sé. Dijo que era su amiga.—¿Dejaste entrar a una desconocida en mi oficina? Nadie entra en mi oficina sin mi permiso.Ella tragó saliva y comenzó a levantarse.—Iré a decirle que…Gruñí y pasé junto a ella hacia mi oficina.—Por fin… Pensé que nunca vendrías —dijo arrastrando las palabras mientras dejaba la taza de café que tenía en la mano.Miré a la pelirroja que tenía delante. Busqué en su rostro, pero no me sonaba de nada. Tenía el inconfundible aroma de un hombre lobo.—¿Quién demonios eres tú?—Me resulta muy hiriente. ¿De verdad no me recuerdas?Se recostó hacia atrás, revelando un generoso escote.—Hice una pregunta.Al ver que no reaccionaba a sus sutiles insinuaciones, se puso de pie.—Soy Eleanor, de la manada Shadow Claw. Nos conocimos hace años, a través de Kate —extendió la mano.Mantuve una expresión impasible, con las manos m
Mia:Acababa de sentarme en el sofá cuando sonó mi teléfono. El nombre de Kate apareció en la pantalla.Solo escuché una respiración suave e irregular.—¿Kate? ¿Estás bien?—Mia —su voz sonó sin aliento.Me puse de pie de un salto.—¡Kate! Háblame. ¿Qué pasa?—El cachorro viene —dejó escapar un gemido de dolor—. Por favor, ven rápido.Agarré mi abrigo y salí corriendo, marcando el número de Michael mientras conducía. Fue directo al buzón de voz.—Hola, soy Mia. Quería avisarte que Kate está de parto y voy camino a su apartamento. Llámame cuando escuches esto.Su puerta estaba entreabierta.—¿Kate? —empujé la puerta y la escena que me recibió me partió el corazón.Estaba encorvada sobre el sofá, agarrando el respaldo con fuerza. El cabello se le pegaba a la cara húmeda.Sonrió al verme.—Viniste, ugh —jadeó, cerrando los ojos con fuerza cuando una contracción la golpeó.Pasé un brazo alrededor de ella e intenté levantarla.—Tenemos que llevarte al hospital.Sin embargo, en el momento e
Kate:—Vaya, vaya, vaya. Si es Kate Miller.Iba camino al estudio de Lukas cuando esa voz familiar me detuvo.Sentada cómodamente en el centro de la sala de estar estaba Eleanor, rodeada de sirvientas. Algunas le pulían las uñas mientras otras se ocupaban de sus pies.Su mirada bajó hasta mi vientre, pero no pareció sorprendida en lo más mínimo. En cambio, una sonrisa se extendió por sus labios.—No deberías mentir sobre algo como un embarazo. Ya lo sabía aquel día en el centro comercial. ¿Quién es el padre?Soltó un dramático jadeo.—No me digas que esta pobre criatura no tiene padre. Perdóname por hacer suposiciones, pero tú siempre fuiste la alocada del grupo.Ignoré la pulla y miré a las sirvientas que trabajaban diligentemente. No entendía por qué harían esto por una completa desconocida.—¿Qué es esto?Ella levantó la vista hacia mí, fingiendo una expresión inocente.—¿Qué es qué?—¿Qué haces aquí, Eleanor?Mi paciencia se estaba agotando.—Vine a ver a mi futuro marido. ¿Algún
Mia:Me abrí paso entre el mar de cuerpos en el club.Mi plan para salir de la casa había funcionado perfectamente. Solo había bastado una llamada a Kate, contándole que Lukas se había negado a dejarme salir. Como esperaba, ella se enfureció y pidió hablar con Lukas. En el momento en que él salió, yo me escabullí.Finalmente encontré a Nathan en la barra. Estaba encorvado y con los ojos medio cerrados.Me senté a su lado.—No pensé que vendrías.—¿Estás bien? Vine en cuanto vi tu mensaje. Siento mucho lo de tu restaurante.—Te enteraste.—Estuvo en todas las noticias.Él no reaccionó, solo levantó su vaso y dio un gran trago.—Eres un buen hombre. ¿Quién querría hacerte daño?Soltó una risa amarga.—Alguien que me vio como una amenaza.Parpadeé, pensando en Lukas. Me sentí terriblemente culpable.—¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?Él negó con la cabeza.—Con que estés aquí es suficiente.Apreté los labios.Si beber le ofrecía la distracción que necesitaba, estaba dispuesta a pe
Último capítulo