—No, por favor —dijo Sia, aunque no entendía bien las intenciones de Caspian sus lágrimas mancharon sus mejillas sucias—. No soy nada para él, ni para usted. Soy una mancha en su mundo. Déjeme ir, se lo ruego por lo que más quiera. Mi madre...En ese momento, el teléfono que Sia llevaba en el bolsillo vibró. Era una llamada del hospital. Caspian, con una agilidad malvada, le quitó el aparato y contestó. Puso el altavoz justo frente al rostro de la joven.—¿Sia? —la voz de una enfermera sonó agitada, entrecortada por el ruido de máquinas de fondo—. Tu madre acaba de colapsar. Los monitores se apagaron. Tienes que venir ahora si quieres despedirte. No nos queda tiempo.—¡Mamá! —gritó Sia, intentando soltarse de Caspian con una fuerza que nació de su alma—. ¡Tengo que irme! ¡Por favor, déjeme ir! ¡Mamá me necesita!Caspian apagó el teléfono con un clic seco y lo guardó en su chaqueta, eliminando el último vínculo de Sia con su realidad.—Tu madre ya no te necesita, Sia —murmuró Caspian i
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