Eirikr va acompañado solamente de su Consigliere personal, Duque, y el hijo de este, Nando, en su camioneta blindada.
—¡Ese maldito bastardo me las pagará! —declara golpeando con furia el asiento delantero de su vehículo.
—Señor, debería controlarse, es justo lo que ese hombre busca —deduce Duque a su lado—. Recuerde que mañana tienen la audiencia; si ella no asiste, lo deja a usted expuesto, invalidando cualquier derecho de reclamo sobre la custodia de la niña.
Eirikr lo piensa con calma. Duque