Eirikr recibió aquellas promesas de lealtad con un orgullo que le golpeaba el pecho; sentía que algo dentro de él, que llevaba años fragmentado, por fin encajaba en su lugar. Aún así, faltaba algo para sentirse completo: su esposa e hija. Sin embargo, sabía por Leone que ellas estaban seguras; el Dragón le había informado del cambio de vivienda, pero nadie alcanzó a notificarle a Eirikr lo ocurrido, por lo que este lo ignoraba.
Leone Visconti era calculador. Sabía que una noticia como lo sucedi