El teléfono vibró en la mano de Eirikr cuando aún no se le enfriaba la sangre ni había logrado esclarecer su mente. Vio el nombre de Vincent en la pantalla y respondió sin saludarlo, con el pulso latiéndole en las sienes. Sabía que le daría informes sobre lo sucedido.
—Habla —exige el príncipe de la mafia.
—Escúchame con calma —la voz de Vincent sonaba tensa y controlada—. El Don, tu padre, está vivo y a salvo. El Dragón lo sacó antes de que la camioneta explotara. Está en el búnker familiar, h