Mundo ficciónIniciar sesiónNunca supe que tenía que esconderme y escapar ellos. Hasta aquella noche, en que abrí mis ojos y me tenían tendida en una cama metálica, en medio de un gran salón, rodeada de figuras oscuras, discutiendo quien sería el que me compraría. No llegué a averiguarlo, porque fue cuando hizo acto de presencia; el hombre más bello que he visto en mi corta vida, de mirada tenebrosa; que me sacó justo a tiempo, para luego abandonarme en medio de la nada. ¿Quién es él? Es algo que me pregunto y el motivo por el que recorro el mundo. ¿Mi objetivo? Sobrevivir y encontrarlo, hacer que permanezca a mi lado. ¿Lo lograré? Difícil, pero no imposible. Una historia de amores y conflictos atrapante, dónde el amor será puesto a mas de una prueba.
Leer másNARRADOR:Han pasado muchos años desde que Sol y Arni realizaran una espectacular boda en los tres reinos. Han tenido cinco hijos, que conforman, como dijera la profecía, una nueva raza, ya que pueden convertirse, como su padre, en cualquier animal, aunque en ellas predomina el lobo y en los varones, el murciélago. Sirius y Alis, al final, vinieron a vivir en el castillo de Arni, que les cedió un ala completa. Aunque podía fácilmente hacerles uno nuevo, quería tener a Sirius a su lado toda su vida. Su madre, al fin, podía vivir sin problemas en el inframundo, aunque subían mucho al mundo de las bestias; también habían procreado dos hijos más. La reina Lilith, al enterarse de que su nieto era el emperador elegido, dejó de querer robarle sus poderes. Aunque Arni le otorgó solo los necesarios para que no estuviera indefensa. Kenai se había mudado completamente a la manada con su esposa y su hijo. Maxas, al fin, encontró a su mitad, una loba muy joven de su manada. Al igual que su herma
NARRADOR:¿Por qué todo con él es así? Nada de romanticismo, se pregunta ella, a quien le encantan las novelas de amor. —¡No me casaré contigo si no lo haces bien! —dijo de pronto Sol. —Mi Sol, ¿otra vez con lo mismo? —bufa incómodo Arni, pensando que fue muy malo que su Sol creciera creyendo ser humana. ¡Es un fastidio! ¿Qué le estará pidiendo ahora?—. ¿Ayer no te gustó cómo te lo pedí? ¿No era eso lo que dijiste que tenía que hacer? ¡Lo hice! ¿Qué debo hacer ahora, mi Sol? —¡No me lo pediste! —niega ella con vehemencia. —¡Sí, lo hice! —afirma Arni. —¡No! Haz memoria, me pediste ser tu amante. Y acepté... acepté porque me moría de ganas también —confiesa ella. —¿No es lo mismo? —pregunta asombrado, tratando de recordar todo lo que aprendió de los humanos. Sol lo mira fijamente, como si quisiera saber si está bromeando o si de verdad no entiende dónde está la diferencia. Arni, por su parte, parece genuinamente confundido, lo que solo aumenta la frustración de ella. —¿Cómo pued
NARRADOR:Arni se entretiene haciendo muchas cosas que ha visto en las películas de escenas de sexo. No tenía la menor idea de que se hacía eso; para él, ese acto era solo introducirla y ya. Tanto Sirius como él habían aprendido mucho al respecto, y ahora se daba cuenta de que, en verdad, aquello hacía disfrutar a su mujer. Siguió esforzándose al máximo; había grabado cada detalle en su mente. Así que colocó su frente en la de su amada y le transmitió lo que había aprendido, queriendo que ella también pudiera hacerle cosas, haciendo que Sol lo mirara asombrada. —¿Dónde aprendiste eso? —pregunta sorprendida. —Con los humanos, ¿jugamos como ellos? —pregunta Arni. —¿Quieres que haga eso que me enseñaste? —ríe Sol, divertida y curiosa—. Está bien, colócate boca arriba, ahora me toca a mí. Y diciendo esto, con las nuevas informaciones que le pasara el príncipe, más las que ella había visto escondida en las escenas de amor de las películas, se dedicó a saborear y a lamer una y otra vez
NARRADOR: El emperador Árnyék, ha hecho que Sol permanezca con los ojos cerrados cubiertos por un pañuelo, luego de llegar a su castillo. Recuerda bien las escenas que viera de las habitaciones y acomoda la inmensidad de flores que llevó consigo ayudado por Sirius por todo el lugar, este último le agrega velas, y hace venir a su esposa Alis, que trae un hermoso traje a Sol, que está feliz. No sabe exactamente qué es, aunque la increíble fragancia de rosas la llena de felicidad y se deja hacer por ella. Al fin, le dicen que todo está listo. Sirius se retira con Alis, Arni, toma a Sol de las manos y la hace caminar despacio hasta que se detienen, luego le quita la venda de los ojos. Sol los abre despacio, y se encuentra en un mar de pétalos de rosas, con globos rojos por todo el techo, miles de velas esparcidas armoniosamente y a sus pies de rodillas, su príncipe vestido hermosamente, que la mira con adoración. —Sol, antes que digas nada —comienza a hablar nerviosamente Arni—, sé q
ÁRNYÉKMe quedo observando a mi hermano Sirius. ¿Cómo no se me ocurrió eso? Definitivamente, la decisión de cambiarlo fue muy buena, me digo. Aunque ahora mismo no me gusta que esté lejos de mí; debería pensar en eso. Me los llevaré a vivir a mi castillo. ¿No soy el emperador? Pues puedo hacer lo que quiera. —Sabía que ibas a ayudarme —le digo al tiempo que abrazo a Sirius, contento—. Vamos ahora mismo, de hoy no puede pasar que mi Sol me acepte y me deje hacer lo que quiero. En la ciudad, junto a Sirius, he explorado todas las maneras posibles que utilizan los humanos para enamorar a sus parejas. Y lejos de sentirme satisfecho, me encuentro más confundido. —Sirius, creo que debo hablar muy claro con mi Sol —digo frustrado—. Somos esposos y es su obligación estar conmigo, complacerme. No voy a andar corriendo detrás de ella como un tonto, como hacen los humanos. —No digas eso, Arni, es lindo. Si me hubiera enterado antes, lo hubiera hecho con mi Alis; creo que lo haré de ahora en
SIRIUS:Observo a Arni, que ha aparecido delante de mí en el castillo de Glendinning. No dice nada, solo se pasea molesto frente a mí, mientras yo espero pacientemente que finalmente se decida a hablar. Siempre ha sido así; quiere resolver los problemas solo, aunque en el fondo corre a mi lado en busca de ayuda. Al fin lo veo detenerse delante de mí y mirarme fijo con tremenda expresión de desesperación. Me asusto. —¿Qué pasa, señor? ¿Qué lo tiene así? —pregunto realmente preocupado. Pero sigue sin responder. Nunca lo había visto de esta manera, como si estuviera perdido y sin esperanzas. Ni siquiera cuando no encontraba a la descendiente de Al lo vi así. Arni mueve la cabeza negativamente y suelta un largo suspiro antes de decidirse a contarme qué le sucede. —Estoy perdido, Sirius —al fin habla. —¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunto con sumo respeto. El príncipe levanta la cabeza al escuchar cómo lo llamo. Aunque me ha exigido decirle su nombre, en momentos así sient
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