Mundo ficciónIniciar sesiónNunca supe que tenía que esconderme y escapar ellos. Hasta aquella noche, en que abrí mis ojos y me tenían tendida en una cama metálica, en medio de un gran salón, rodeada de figuras oscuras, discutiendo quien sería el que me compraría. No llegué a averiguarlo, porque fue cuando hizo acto de presencia; el hombre más bello que he visto en mi corta vida, de mirada tenebrosa; que me sacó justo a tiempo, para luego abandonarme en medio de la nada. ¿Quién es él? Es algo que me pregunto y el motivo por el que recorro el mundo. ¿Mi objetivo? Sobrevivir y encontrarlo, hacer que permanezca a mi lado. ¿Lo lograré? Difícil, pero no imposible. Una historia de amores y conflictos atrapante, dónde el amor será puesto a mas de una prueba.
Leer másSOL:
Siempre escuché decir, que las noches de luna llena, en que brilla más que nunca, no deberíamos salir a medianoche. Pues es la hora en que pululan todas las almas en pena, y seres que se alimentan de la tuya. Miro al cielo, la luna llena resplandece hoy más que nunca. Observo con terror como unas nubes negras se le acercan, y la cubrirán. Apresuro mi ritmo, siempre por el medio de la calle, tratando de permanecer bajo su luz. Los puedo sentir como me persiguen, como alargan sus huesudas manos para atraparme. No debí romper su única regla; jamás estar en noche de luna llena en la calle. Me lo dijo montones de veces, quedó gravado en mi cabeza. Sin embargo, debo pagar la renta, si no lo hago me echaran a la calle; el precio que me pagaron fue lo suficiente para sobrevivir por dos meses. Si en ese tiempo no logro encontrarlo, me iré de este poblado, es tenebroso y de gentes silenciosas. Fue una suerte que el jefe me ofreciera hoy ese doble turno, por el doble de paga normal. Aunque eran muy extraños, todos los clientes que llegaron después de las once de la noche; vestidos de negro; con sus rostros casi ocultos debajo de aquellas capuchas y sus ojos le brillaban al acercarme a recoger sus pedidos. Parecía que me olfateaban; menos mal que llegó Sibeli y me sustituyó. Me detengo para tomar aire, recuesto mi espalda en la fría pared y me deslizo hasta quedar sentada en el piso, creo que me voy a desmayar. Busco desesperadamente algo en mi bolso, pero no lo encuentro. Y a mi mente adolorida viene el recuerdo de que lo dejé en mi taquilla. Estoy desesperada, trato de romper mi piel con mis dientes, no lo logro lo suficiente como para expulsar mi sangre a la velocidad que lo necesito. Una sombra se detiene delante de mí, me embarga la oscuridad; me sobrecojo sobre mi misma abrazando mis rodillas. Estoy perdida, por mi inmadurez me han atrapado. Tiemblo asustada, cierro mis ojos esperando lo peor. En su lugar, me siento transportada a gran velocidad. Luego mi dedo se pierde en una boca caliente, siento un pequeño picazo y como me es succionada mi sangre. Suspiro aliviada, el terrible dolor desaparece de a poco, me quedo dormida. Cuando despierto ya es de mañana. Estoy en mi cama, con mi ropa de dormir muy abrigada. Miro mi dedo, está normal. ¿Es que acaso lo soñé? Unos golpes en la puerta hacen que me levante, abro y me asombro ver a la casera sonriente en ella, con unas bolsas. —Buenos días, señora Nina. Disculpe la demora en el pago, no se que me pasó ayer, me quedé dormida. No obstante, enseguida le entrego el dinero del alquiler, lo tengo completo, le pagaré dos meses— digo corriendo a mi bolso, cuando su risa me detiene. —¿Es una broma verdad, Sol? —preguntó sonriendo—. Su prometido me pagó todo el año ayer, me pidió además, que no la descuidara. —¿Mi prometido ha dicho?— me quedo de una pieza, no es la primera vez que me pasa. Aparece y desaparece de mi vida, sin que yo pueda hacer nada. No sé cómo lo hace, no importa al lugar que viaje, ni dónde viva, él me encuentra; aunque no tengo ni la menor idea de quién es, únicamente la imagen borrosa en mi recuerdo de la noche en que me salvó. Dejándome desorientada y sola, con dinero, en un país extraño; en medio de una pequeña vivienda, ubicada en una azotea como esta; de la que había pagado el alquiler por todo un año. Con la prohibición en mi mente, de no salir en luna llena. —Sí, dice que viaja mucho, que por eso no lo he visto —siguió diciendo la señora Nina. —Debiste decírmelo hija. ¿Dónde pongo las bolsas? Pesan. —Oh, disculpe. Póngalas en la mesa —me apresuré a ayudarla en lo que le decía y de inmediato pregunté: —¿Y mi prometido por casualidad le dijo cuando volvería? Es que ayer llegué tan agotada del doble turno, que me dormí hasta ahora —Se fue antes que saliera el sol, dijo que vendría entrada la noche. Es muy educado, me pidió permiso para dejarlo entrar en las noches —hablaba la señora Nina acomodando las bolsas en la mesa. —Le di una llave, debiste decírmelo Sol, sé que te prohibí traer chicos. Sin embargo, él es tu prometido, es otra cosa. —Ya veo señora Nina, disculpe usted, no quería importunarla —digo soltando un suspiro ante la falta de información. —Y como él mismo le dijo, viaja constantemente, así que no creí necesario mencionarlo. Trato de parecer normal, mientras observo su andar. Es una señora de mediana edad, debe haber sido muy hermosa en su juventud, porque todavía lo es. Su cuerpo es estilizado, y siempre está muy arreglada. Tiene un hermoso cabello ondulado negro, con unas hebras plateadas que ella no esconde. Sus ojos son grandes y ovalados, que lleva todo el tiempo maquillados hermosamente, debajo de unas largas pestañas. Todo en ella es pulcro y cuidadosamente arreglado. Deposita las bolsas que corro a ayudar, en la pequeña mesa de la cocina, la única que tengo; mi casa cuenta con una habitación central que hace de sala, cocina, comedor; un pequeño baño con todo lo necesario en una esquina, y mi pequeña habitación, donde apretada está mi cama personal, con un mueble para guardar mi ropa, poseedor de un gran espejo. Deja las bolsas, y se gira mirándolo todo alrededor, como si fuera la primera vez que lo hace, para luego girarse sonriente para mí. —¿Por qué no piensas en mudarte para un mejor apartamento? —mientras habla se mueve por el apartamento. —Precisamente el tercero se vació, es muy bueno, un poco más caro, pero se ve que tu prometido puede pagarlo. —Me gusta aquí arriba señora Nina —no quiero moverme de aquí, por eso agrego enseguida: — la vista es inigualable y puedo tener a mis gatos. Además, si se habrá percatado, no me gusta depender de otros para pagar mis cuentas. —Ya veo hija, si te decides házmelo saber —se aleja hasta la puerta. — Ahora me voy, creo que si no quieres llegar tarde a tu trabajo, tienes que salir. No sé para qué lo haces con un novio como el tuyo. Eres hermosa Sol, no sé la historia detrás de su relación, pero que el orgullo no te impida disfrutar de la vida hija. Observo las bolsas llenas de comida en la mesa. ¿Quién diablos es ese hombre? Miro todo a mi alrededor, hasta que encuentro la nota en la puerta del refrigerador, la tomo.“No salgas en las noches, muchos te persiguen. Espera por mí”
¿Qué diablos? ¿Quién se cree él para decirme lo que tengo que hacer? Aparece y desaparece sin siquiera saludarme. Mejor me preparo y me voy al trabajo o llegaré tarde, no haré doble turno hoy. Pero no puedo faltar y perderlo, me costó mucho que me aceptaran. Las cuentas no se pagan solas, y aunque pagó un año, ahorraré dinero para irme de aquí. No perderé más mi tiempo buscándolo, me iré a un lugar dónde no me encuentre, estoy cansada de que no me deje saber quién es.
No obstante, vuelvo a mirar la nota, al girarla, veo que tiene en ella dos ojos, y me da la sensación de que me observan, uno de ellos acaba de cerrarse y abrirse. Suelto la nota asustada, y retrocedo dos pasos. Sol, estás viendo cosas que no son, ¿cómo una pintura te va a guiñar un ojo? Recojo el papel con miedo, ahora, además de los ojos, existe una boca que sonríe. Eso no estaba antes ahí, me digo, ¿o sí? Debajo de ella, de a poco aparecen unas letras como si alguien las estuviera escribiendo en ese momento. No puedo dar crédito a mis ojos, creo que me debo haber dado un golpe en la cabeza y estoy alucinando despierta.“Recuerda la regla Sol, nunca salgas en luna llena.”
Árnyék T.NARRADOR:Han pasado muchos años desde que Sol y Arni realizaran una espectacular boda en los tres reinos. Han tenido cinco hijos, que conforman, como dijera la profecía, una nueva raza, ya que pueden convertirse, como su padre, en cualquier animal, aunque en ellas predomina el lobo y en los varones, el murciélago. Sirius y Alis, al final, vinieron a vivir en el castillo de Arni, que les cedió un ala completa. Aunque podía fácilmente hacerles uno nuevo, quería tener a Sirius a su lado toda su vida. Su madre, al fin, podía vivir sin problemas en el inframundo, aunque subían mucho al mundo de las bestias; también habían procreado dos hijos más. La reina Lilith, al enterarse de que su nieto era el emperador elegido, dejó de querer robarle sus poderes. Aunque Arni le otorgó solo los necesarios para que no estuviera indefensa. Kenai se había mudado completamente a la manada con su esposa y su hijo. Maxas, al fin, encontró a su mitad, una loba muy joven de su manada. Al igual que su herma
NARRADOR:¿Por qué todo con él es así? Nada de romanticismo, se pregunta ella, a quien le encantan las novelas de amor. —¡No me casaré contigo si no lo haces bien! —dijo de pronto Sol. —Mi Sol, ¿otra vez con lo mismo? —bufa incómodo Arni, pensando que fue muy malo que su Sol creciera creyendo ser humana. ¡Es un fastidio! ¿Qué le estará pidiendo ahora?—. ¿Ayer no te gustó cómo te lo pedí? ¿No era eso lo que dijiste que tenía que hacer? ¡Lo hice! ¿Qué debo hacer ahora, mi Sol? —¡No me lo pediste! —niega ella con vehemencia. —¡Sí, lo hice! —afirma Arni. —¡No! Haz memoria, me pediste ser tu amante. Y acepté... acepté porque me moría de ganas también —confiesa ella. —¿No es lo mismo? —pregunta asombrado, tratando de recordar todo lo que aprendió de los humanos. Sol lo mira fijamente, como si quisiera saber si está bromeando o si de verdad no entiende dónde está la diferencia. Arni, por su parte, parece genuinamente confundido, lo que solo aumenta la frustración de ella. —¿Cómo pued
NARRADOR:Arni se entretiene haciendo muchas cosas que ha visto en las películas de escenas de sexo. No tenía la menor idea de que se hacía eso; para él, ese acto era solo introducirla y ya. Tanto Sirius como él habían aprendido mucho al respecto, y ahora se daba cuenta de que, en verdad, aquello hacía disfrutar a su mujer. Siguió esforzándose al máximo; había grabado cada detalle en su mente. Así que colocó su frente en la de su amada y le transmitió lo que había aprendido, queriendo que ella también pudiera hacerle cosas, haciendo que Sol lo mirara asombrada. —¿Dónde aprendiste eso? —pregunta sorprendida. —Con los humanos, ¿jugamos como ellos? —pregunta Arni. —¿Quieres que haga eso que me enseñaste? —ríe Sol, divertida y curiosa—. Está bien, colócate boca arriba, ahora me toca a mí. Y diciendo esto, con las nuevas informaciones que le pasara el príncipe, más las que ella había visto escondida en las escenas de amor de las películas, se dedicó a saborear y a lamer una y otra vez
NARRADOR: El emperador Árnyék, ha hecho que Sol permanezca con los ojos cerrados cubiertos por un pañuelo, luego de llegar a su castillo. Recuerda bien las escenas que viera de las habitaciones y acomoda la inmensidad de flores que llevó consigo ayudado por Sirius por todo el lugar, este último le agrega velas, y hace venir a su esposa Alis, que trae un hermoso traje a Sol, que está feliz. No sabe exactamente qué es, aunque la increíble fragancia de rosas la llena de felicidad y se deja hacer por ella. Al fin, le dicen que todo está listo. Sirius se retira con Alis, Arni, toma a Sol de las manos y la hace caminar despacio hasta que se detienen, luego le quita la venda de los ojos. Sol los abre despacio, y se encuentra en un mar de pétalos de rosas, con globos rojos por todo el techo, miles de velas esparcidas armoniosamente y a sus pies de rodillas, su príncipe vestido hermosamente, que la mira con adoración. —Sol, antes que digas nada —comienza a hablar nerviosamente Arni—, sé q
ÁRNYÉKMe quedo observando a mi hermano Sirius. ¿Cómo no se me ocurrió eso? Definitivamente, la decisión de cambiarlo fue muy buena, me digo. Aunque ahora mismo no me gusta que esté lejos de mí; debería pensar en eso. Me los llevaré a vivir a mi castillo. ¿No soy el emperador? Pues puedo hacer lo que quiera. —Sabía que ibas a ayudarme —le digo al tiempo que abrazo a Sirius, contento—. Vamos ahora mismo, de hoy no puede pasar que mi Sol me acepte y me deje hacer lo que quiero. En la ciudad, junto a Sirius, he explorado todas las maneras posibles que utilizan los humanos para enamorar a sus parejas. Y lejos de sentirme satisfecho, me encuentro más confundido. —Sirius, creo que debo hablar muy claro con mi Sol —digo frustrado—. Somos esposos y es su obligación estar conmigo, complacerme. No voy a andar corriendo detrás de ella como un tonto, como hacen los humanos. —No digas eso, Arni, es lindo. Si me hubiera enterado antes, lo hubiera hecho con mi Alis; creo que lo haré de ahora en
SIRIUS:Observo a Arni, que ha aparecido delante de mí en el castillo de Glendinning. No dice nada, solo se pasea molesto frente a mí, mientras yo espero pacientemente que finalmente se decida a hablar. Siempre ha sido así; quiere resolver los problemas solo, aunque en el fondo corre a mi lado en busca de ayuda. Al fin lo veo detenerse delante de mí y mirarme fijo con tremenda expresión de desesperación. Me asusto. —¿Qué pasa, señor? ¿Qué lo tiene así? —pregunto realmente preocupado. Pero sigue sin responder. Nunca lo había visto de esta manera, como si estuviera perdido y sin esperanzas. Ni siquiera cuando no encontraba a la descendiente de Al lo vi así. Arni mueve la cabeza negativamente y suelta un largo suspiro antes de decidirse a contarme qué le sucede. —Estoy perdido, Sirius —al fin habla. —¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunto con sumo respeto. El príncipe levanta la cabeza al escuchar cómo lo llamo. Aunque me ha exigido decirle su nombre, en momentos así sient
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