Mundo ficciónIniciar sesiónEn el día de su cumpleaños, la princesa Lis recibirá el más horroroso de los regalos. Ante la aparición de antiguos enemigos y para salvar a la humanidad, su padre la entregará como ofrenda a Desz, el rey de los vampiros, a cambio de que él luche por ellos. Desz ya fue traicionado por los humanos una vez, vio morir a todos los suyos y fue tomado prisionero, aguardando una oportunidad para vengarse. Esa oportunidad llegará con Lis, la más amada hija del rey traidor, la más cercana a él, el arma perfecta para destruirlo. ¿Será capaz de traicionarla cuando ella sea la única que esté de su lado? Hay alguien más que la desea, un poderoso rey estará dispuesto a hacer cualquier cosa para que la princesa sea suya. Y de paso el Tarkut también. Traiciones, engaños, mentiras, una guerra a punto de estallar y un bosque lleno de sombras y secretos que nadie podría imaginar. El mal puede tomar muchas formas, incluso las que más amamos. ¿Podrá la dulzura de Lis aplacar la ira de la bestia?
Leer más"Este mundo es horrible..."Había pasado un tiempo desde que ella se despertara y se reencontrará con Desz, un deseo que le habían concedido las estrellas, una conjunción del espacio y el tiempo que le había traído de regreso a su amor perdido.Él seguía siendo el mismo de entonces; ella ya no lo era, había cambiado tanto como lo había hecho el mundo, uno que él ya no conocía."Hay tanto ruido, ¿cómo logras soportarlo? Si adormezco mis sentidos lo necesario, creo que dejaría de oírme hasta a mí mismo".Desz estaba perdido en sus pensamientos, eso percibió también Furr cuando se encontraron. Hablaron durante horas, lloraron. Nada dijo él sobre dónde había estado por tanto tiempo ni cómo había hecho para regresar. Aseguraba que no lo recordaba, aunque lo más probable era que no quisiera recordarlo.Apagó la luz de la lámpara, sin comprender del todo cómo funcionaba eso de la electricidad y se metió a la cama. Su cabeza reposaba en una almohada visco... viscoalgo, eso le había dicho Lis
En un rincón del exuberante salón, repleto de nobles y cortesanos ataviados con sus mejores atuendos, el orgulloso rey de los Tarkuts se lamentaba por su cruel e infame destino.—¿Alguien puede decirme por qué estoy aquí?Su consejero, Gentz, tomó la palabra:—Porque debes honrar el acuerdo de paz con los humanos, así mantienes la diplomacia con sus reinos y la paz que tanto anhelamos. Asistir a estos festejos es una acto de buena voluntad y compromiso.—¡¿Y por qué estoy yo aquí?! —exigió saber el general Furr.Desz le pasó un brazo sobre los hombros.—Porque no es justo que yo sufra solo.Furr gruñó.—Lo injusto es que yo siempre pague por tus decisiones. Toda esta gentuza perfumada y engalanada me tiene mareado. No sé cuánto aguante, Desz. —Aguantarás hasta el final, por eso eres el general. Además, oí que el príncipe de Balai también está invitado. Él y Gentz rieron, mientras la furia teñía sutilmente de rojo el rostro de Furr. —No abusen de mi paciencia, ese crío me tiene sin c
Ella miró por la ventana con la nostalgia de muchas vidas a cuesta. Masajeó su muñeca y se removió en su silla. Llevaba medio día autografiando libros y le dolía el trasero.—¿Ya terminamos? —le preguntó a su editora. La abarrotada librería se iba quedando vacía. —Casi. Una niña corría hacia ella, aferrando el libro contra el pecho. Con los ojos brillantes lo dejó sobre la mesa. —¿Cómo te llamas?—¡Mariana!—¿Te gustó el libro, Mariana? —¡Me encantó! Aunque mi mamá dice que la escritora debió fumarse algo —contó, encogiéndose de hombros. Su comentario le arrancó una sonrisa a la mujer. —Las madres siempre dicen eso, lo importante es lo que tú pienses. Terminó de escribir la dedicatoria y se lo entregó. —Me hubiera gustado que la princesa se quedara con su amado. ¿Podrías escribir otro final? ¿Uno donde sean felices? La escritora le sonrió con indulgencia. —Eso será tarea tuya. Podrías convertirte en escritora y dedicarte a escribir otros finales, unos que te hagan feliz. La
Una suave caricia en la cabeza sacó a Lis del trance de la somnolencia. Así ella sanaba y, cuando se despertó, ya su cuerpo estaba entero. Casi entero, notó al ver quién la acompañaba. —Ya todo terminó, Lis —le dijo Riu. Él y el ejército habían llegado a Arkhamis sin encontrarse con Dumas sombrío alguno. Y aquellos que sobrevivieron a su posesión habían vuelto a ser los mismos de siempre. —¿Y Desz? ¿Él llegó también? —Él nunca vino, se fue en otra dirección. Tan rápido como al trueno seguían las centellas, Lis dejó el lecho y buscó un caballo. Galopó como tantas veces imaginó mientras veía el bosque de las sombras desde la distancia y soñaba con alcanzarlo. El fin de la guerra había sido tan prodigioso, como si contaran ellos con ayuda divina, y sólo imaginaba a un ser capaz de aquello. Se detuvo en el linde del bosque, impactada por la visión que se desplegaba ante ella, tan irreal como fantástica: Ya los árboles no tenían ojos y la tierra no respiraba. Y la niebla no se volvi
Último capítulo