189. EL JUICIO DE FLAIR
ÁRNYÉK
Me quedo observando a mi hermano Sirius. ¿Cómo no se me ocurrió eso? Definitivamente, la decisión de cambiarlo fue muy buena, me digo. Aunque ahora mismo no me gusta que esté lejos de mí; debería pensar en eso. Me los llevaré a vivir a mi castillo. ¿No soy el emperador? Pues puedo hacer lo que quiera.
—Sabía que ibas a ayudarme —le digo al tiempo que abrazo a Sirius, contento—. Vamos ahora mismo, de hoy no puede pasar que mi Sol me acepte y me deje hacer lo que quiero.
En la ciudad, junto a Sirius, he explorado todas las maneras posibles que utilizan los humanos para enamorar a sus parejas. Y lejos de sentirme satisfecho, me encuentro más confundido.
—Sirius, creo que debo hablar muy claro con mi Sol —digo frustrado—. Somos esposos y es su obligación estar conmigo, complacerme. No voy a andar corriendo detrás de ella como un tonto, como hacen los humanos.
—No digas eso, Arni, es lindo. Si me hubiera enterado antes, lo hubiera hecho con mi Alis; creo que lo haré de ahora en