Tu no me despides, yo renuncio.
Zacary levantó la cabeza al sentir la presencia. Su mirada violeta, normalmente insolente, se congeló de terror. La sangre se le fue del rostro y casi se atraganta con la virilidad del idol, que al percatarse de la situación se apartó de golpe. El Alfa que lo tenía por detrás también se frenó, sudoroso, consciente de que estaban a segundos de morir.
—¿Qué demonios…? —la voz de Maelik retumbó como trueno—. ¿Qué diablos significa está mierda?
—¡Maelik...!
— ¿Creíste que podías jugar a dos aguas,