Esa noche, Raven casi no durmió.
—Esto me está volviendo loco...
Daba vueltas en la cama, mirando el techo como si ahí estuvieran las respuestas que le faltaban. Cada vez que cerraba los ojos, sentía un tirón leve en el bajo vientre o un mareo suave que lo hacía recordar la verdad que intentaba negar.
Al final, se sentó y encendió la pequeña lámpara.
Sus peces, Pizza y Burrito, nadaban cerca del vidrio, como si lo escucharan respirar.
—Ustedes no lo entienden —susurró, poniéndose una mano en la