El beta salió como un rayo, casi chocando conmigo en el marco de la puerta. Lo vi escabullirse, la camisa arrugada y los labios húmedos, como si acabara de despertarse en el maldito baño de la empresa.
Raro. Muy raro.
—¿Qué fue eso? —preguntó Zacary, apareciendo con su andar ligero, los ojos violetas brillando de curiosidad.
Me quedé un segundo en silencio, mirando la puerta que aún se balanceaba. Ese lunar en el cuello… había algo en Raven Lockridge que no cuadraba. Un beta torpe, sí, pero… de