Maelik hojeó el informe con la paciencia de un depredador que huele una presa escondida. Las líneas eran limpias, meticulosamente redactadas, nada fuera de lo común en apariencia. Sin embargo, todo en ese documento estaba impregnado de una extrañeza que lo incomodaba. Raven. Ese nombre ya comenzaba a serle molesto, como un rumor que no podía apartar de la cabeza.
Rebobinó en su mente los vídeos de vigilancia. La cámara lo había captado una y otra vez evadiendo su mirada, esquivándolo como si su