La sala de juntas se había convertido en un campo de batalla. El aire acondicionado no lograba disipar la tensión que flotaba entre los presentes. Mariana observaba desde su asiento, junto a Alejandro, cómo los miembros del consejo directivo intercambiaban miradas nerviosas mientras esperaban que comenzara la reunión de emergencia.
Cuando la puerta se abrió, Rebeca entró con paso firme, enfundada en un traje sastre color burdeos que contrastaba con su piel pálida. Detrás de ella, dos hombres co