El sol de Barcelona se filtraba por los ventanales de la oficina, bañando de luz dorada los planos extendidos sobre la mesa. Mariana ajustó sus gafas mientras revisaba los últimos detalles del proyecto que presentaría esa tarde. La firma de arquitectura española que la había contratado celebraba su talento, valoraba sus ideas y, lo más importante, la respetaba como profesional.
Seis meses. Medio año desde que había dejado atrás Madrid, a Alejandro, y todo lo que representaba aquella vida que ah