La lluvia golpeaba los ventanales de la mansión De la Vega como si quisiera romperlos. Mariana observaba las gotas deslizarse por el cristal mientras sostenía una taza de té que ya se había enfriado entre sus manos. Tres días habían pasado desde su encuentro con Rebeca, y cada intento de hablar con Alejandro había sido inútil. Él llegaba tarde, se encerraba en su despacho o simplemente respondía con monosílabos que construían un muro más alto que cualquier explicación.
—¿Necesitas algo más? —pr