El taxi se detuvo frente al edificio corporativo De la Vega. Mariana pagó al conductor y descendió con movimientos mecánicos, como si su cuerpo funcionara por inercia mientras su mente seguía atrapada en los recuerdos del fin de semana en la hacienda. Aquellos momentos de felicidad ahora parecían una cruel ilusión.
La recepcionista la saludó con una sonrisa que Mariana apenas correspondió. El ascensor la llevó hasta el piso ejecutivo donde, a pesar de ser domingo, sabía que encontraría lo neces