Mundo ficciónIniciar sesiónSumido en la aséptica blancura de mi hospital, me aferraba al teléfono con dedos que apenas podían contener su temblor. Mi corazón, atrapado en un frenesí de pulsaciones descontroladas, se debatía desconcertado e incrédulo. La voz de mi hermano, esa voz que con dolor y resignación habíamos sepultado bajo la fría tierra, resonaba ahora en mi cabeza, implorando auxilio con una urgencia que desgarraba el alma. Era un eni







