Mundo ficciónIniciar sesiónQuise protestar, decirle que estaba equivocado, que yo podía deshacerme de él y de todos los demás que me habían herido. Pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta, porque en algún lugar profundo y oscuro, sabía que tenía razón.
—Habla con tu prometido —insistió él, aplastando la colilla del tabaco contra el alféizar de la ventana—. Juega el juego un poco más. Y cuando






