ALONSO:
La frialdad en la mirada de Diletta y el intento de Celia por distanciarse de mí habían dejado una marca profunda, un eco de dolor que resonaba con cada paso que daba fuera del hospital. Era el miedo a perderla para siempre por culpa de Concetta, justo cuando estaba a punto de revelarle toda la verdad.
A la salida, la figura imponente del Greco, junto a su hijo Maximiliano, Vicencio y Coral, se recortaba contra el crepúsculo. Fabrizio había sido el encargado de reunirlos, un movimiento estratégico que ahora nos congregaba a todos a cierta distancia de la entrada principal. Nos aproximamos a un vehículo donde Maximiliano desplegó un mapa con ceremoniosa precisión. —Este sector está bajo mi influencia —comenzó Maximiliano, señalando con autoridad el mapa extendido sobre el capó del auto—. Podríamos encargarnos nosotros mismo