ALONSO:
Mi petición no era meramente un ruego; se había transformado en un ultimátum, impregnado de un amor intenso y una desesperación palpable. Luigi me envolvió en un abrazo cargado de fuerza y determinación, un gesto que respondí con igual intensidad. Entre el caos de sentimientos y la urgencia del momento, escuché su voz firme.
—Haré todo lo posible, Alonso. Pero mientras yo me bato en esta lucha por ella, necesito que vayas en busca de Iselda junto a Fabrizio —dijo, captando mi atención con la mención de un nombre que no esperaba—. Adán Rocco la tiene en Macedonia.—¿Adán? ¿El mismo Adán que...? —pregunté sin darme cuenta aturdido por lo que había pasado, aunque Fabrizio me lo había dicho, ahora todo era confuso al ver como preparaban a Celia para la operación y la sangre segu&iacu