Hay algo en la forma en que Nathaniel me mira que hace que mis defensas se desmoronen como un castillo de naipes. Lo sé, debería mantener la compostura, recordar que esto es solo un contrato, un acuerdo de negocios envuelto en papel de regalo matrimonial. Pero cada vez que sus ojos se posan en mí, siento que mi cuerpo responde a un llamado primitivo que mi mente racional no puede controlar.
Esta noche, después de la cena con los inversores, nos quedamos solos en su apartamento. El silencio entre