La luz de mi laptop iluminaba mi rostro en la penumbra del despacho de Nathaniel. Eran las tres de la madrugada y él dormía profundamente en nuestra habitación. Me había escabullido después de dar vueltas durante horas, atormentada por una conversación que había escuchado accidentalmente esa tarde entre Nathaniel y un hombre que nunca había visto antes.
"El pasado siempre vuelve, Blackwell. Sabes que no puedes enterrarlo para siempre", había dicho aquel hombre de traje impecable y mirada penetra