Mundo ficciónIniciar sesión“Él es el demonio que me ahoga en mis propios deseos”. ¿Por qué un monstruo como Ozzian Carter, resucitaría directamente desde el infierno para acecharme, burlarse de mí y arrastrarme hasta su oscuridad? La gente le tiene miedo, es intocable en todos los sentidos, huele a perversión, tiene una mirada que te arrebata el alma y una sonrisa depredadora. Mi vida era mucho más sencilla antes de que yo me tropezara con la suya. Dejé mi pasado en Orange cuando descubrí a mi novio follando con mi mejor amiga, ahora, me arrepiento, porque en Bermaunt, parece ser que muchos conocen mis secretos antes que yo, incluso él, quien se ha propuesto destrozarme con sus palabras, ahora tiene un solo objetivo, quiere que me convierta en una víctima de sus encantos desviados. Se suponía que encontraría experiencias nuevas en este pueblo en el que nadie sabe nada de mí, pero ahora, he aprendido de la peor manera, que el fuego quema los peores pecados y que la confianza está sobrevalorada, ya que el destino es un traicionero a la hora de empujarme a un psicópata con el que termino viviendo en el mismo departamento.
Leer másC1- ¡YO NO LA EMPUJÉ!
—¡¡Ah!! ¡Ayuda! ¡Auxilio! El grito cortó la música y la gente se volcó hacia la escalera, donde Aurora Sterling quedó inmóvil con las manos crispadas a los costados y una mirada de terror. Abajo, Jimena Saenz yacía en el suelo, con el cuerpo torcido de forma antinatural y una mano aferrada a su vientre mientras el dolor le arrancaba gemidos secos. Un segundo antes estaban hablando. Un segundo. Aurora aún sentía el eco de esa conversación en los oídos, la cercanía, el silencio incómodo... y luego el vacío. —¿Qué pasó? —preguntó alguien—. ¿Cómo se cayó? Jimena levantó la cabeza con esfuerzo y sus ojos buscaron la escalera, buscaron a Aurora. —Ella... —jadeó— ella me empujó. El aire se volvió pesado y todas las miradas subieron al mismo punto. —¡¿Cómo te atreves?! —estalló una mujer—. ¿Estás loca, Aurora? ¡¿Los celos no te dejan pensar?! Aurora apretó los puños y bajó un escalón, luego otro, tratando de hablar, pero las voces cayeron encima como golpes. —¡No importa cuánto estés obsesionada con Angelo! —gritó un hombre—. ¡No puedes ser tan cruel! ¡Está embarazada! —¡Eso! —secundó otra voz—. ¿Qué clase de persona atenta contra la vida de un bebé? Cuando Aurora llegó junto a Jimena, se inclinó por reflejo. —Déjame ayudarte... El manotazo fue brusco, tanto que la empujó hacia atrás. —¡No! ¡No te me acerques! Tú... tú querías matarme. ¡Dios mío, mi bebé! ¡Mi bebé! La mandíbula de Aurora se tensó hasta dolerle, pero tragó saliva y supuso que el miedo le hacía decir incoherencias a su cuñada. —Eso no es verdad, yo no... No terminó, porque una voz profunda y masculina cortó el aire. —¡Apártense! La multitud se abrió y Angelo Russo avanzó con el rostro endurecido, los ojos azules oscuros y fríos. Deteniéndose delante de ella. —Angelo... —Aurora dio un paso— déjame explicarte, yo... La mirada de él la cortó en seco. —¿Qué hiciste? —su voz fue baja y afilada—. ¿Qué demonios hiciste? Aurora negó desesperada, buscando una explicación para los hechos, pero Jimena gritó más fuerte, ahora quebrándose. —¡Me duele! ¡Me duele mucho! Angelo se arrodilló junto a ella y la sostuvo con cuidado. —Tranquila —musitó—. No te preocupes, ya llamaron a una ambulancia. Esa escena le oprimió el pecho a Aurora, después de todo su frío marido, sí podía ser amable y cercano, solo que no con ella. Aun así, dio un paso al frente. —Yo no la empujé —afirmó—. No lo hice. Angelo ni siquiera la miró. —¿Pretendes que crea que Jimena se lanzó sola? —escupió—. ¿Que se cayó estando embarazada de mi hermano? Entonces alzó la vista y la atravesó con sus ojos fríos. —¿Me crees estúpido, Aurora? ¡Tus celos han ido muy lejos! Esas palabras la hicieron tambalearse, tanto que el suelo pareció moverse bajo sus pies. —Ah... —gimió Jimena otra vez— mi bebé... por favor, Angelo... no quiero perderlo... Ella se aferró a él, temblando y Angelo la rodeó con los brazos, sosteniéndola. —No tengas miedo. Te llevaré al hospital ahora. La voz de la matriarca de la familia irrumpió entre el caos. —¿Qué pasó? ¿Quién tuvo un accidente? Adelina Russo se abrió paso y sus ojos tan azules como los de su nieto, se agrandaron de golpe. —Por la Virgen... —susurró asustada—. ¡Es sangre! Un charco rojo comenzaba a extenderse bajo el cuerpo de Jimena. —¡No! —sollozó ella—. No quiero perderlo. No quiero perder a mi hijo. Angelo la cargó sin dudar y antes de darse la vuelta, alzó la mirada hacia Aurora y ya no había frío, sino amenaza. —Reza para que al niño no le pase nada. Porque si algo ocurre... asumirás las consecuencias. Se fue con Jimena en brazos, dejando atrás los murmullos y reproches, fue cuando Adelina miró a Aurora con complicación. —Cariño... ¿acaso tú...? —No lo hice —respondió ella, sosteniéndole la mirada y conteniendo las lágrimas—. Me crean o no, yo no la empujé. Sin decir más, se dio la vuelta y subió. En su habitación, caminó de un lado a otro sin rumbo. La cabeza le latía, pero volvía una y otra vez a la escalera, al segundo exacto en que todo pasó y no entendía cómo había pasado, pero sí sabía algo con una claridad brutal: era que tenía que hablar con Angelo. Tenía que mirarlo a los ojos y decirle la verdad. Por eso esperó y el reloj avanzó sin piedad, pero esa noche Angelo no regresó. Y cuando la mañana comenzó a aclararse detrás de las cortinas, Aurora se sentó en el borde de la cama, exhausta, con la garganta cerrada y los ojos rojos de tanto llorar, fue entonces cuando escuchó movimiento abajo. Voces, pasos, su voz. Se levantó de golpe, con el corazón golpeándole el pecho y salió de la habitación casi corriendo. —Angelo... —susurró, antes de verlo. Pero se detuvo en seco cuando escuchó sus palabras. —¡Abuela, quiero el divorcio! ¡Quiero divorciarme de Aurora!LEGADO DEL CORAZÓN═════════•°• CARTA DE BERNAT PARA OZZIAN •°•═════════Ozzian:Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy, es algo que tenía que pasar tarde o temprano, a estas alturas, no me puedo quejar. No hay vida sin muerte, ni caminos sin un final, pero si algo me duele dejar atrás, más que mi propia existencia, es ella. Mi pequeña Elaxi, mi mayor tesoro, mi razón de ser, mi todo, mi princesa.No sé cómo escribir esto sin que las palabras me desgarren, sin que la tinta se vuelva una cicatriz sobre el papel, porque lo que te pido, lo que te encomiendo, es lo único que me mantenía aferrado a este mundo. Te dejo a mi hija. No porque sea mía, porque jamás lo fue en realidad. Nunca fue de nadie. Desde que la sostuve por primera vez en mis brazos, supe que nunca podría pertenecerle a este mundo cruel. Que su espíritu es demasiado puro, demasiado libre, demasiado inmenso para ser contenido por estas miserables reglas a las que llamamos destino.Pero ahora es tu turno de cuidarl
OZZIAN—¿Puedes dejar de caminar de un lado a otro? Kabil comienza a desesperarse, mientras Ian niega con la cabeza y mira algo que le llama la atención por la ventana. Ambos hijos de puta van vestidos con trajes elegantes. Han pasado demasiadas cosas desde que recibimos las cartas de Bernat, el padre de Ela, y una de ellas es que mi relación con mi madre ha mejorado. Luego de leer aquella carta, comprendí muchas cosas; una de ellas era el amor que él siempre le profesó desde que eran jóvenes. Perdoné muchas cosas, y una de ellas fue su error del pasado. Supongo que a ella la culpa siempre la va a perseguir, pero es una lucha en la que nadie puede ayudarla a sobrevivir, ni siquiera yo. Me dejó demasiado dinero, uno del que ni siquiera quiero disponer, pero Ela me ha convencido de que es la voluntad de su padre, por lo que no solo me ha ayudado en eso. Hace tres meses terminé lo que faltaba de mis estudios; estudiar no supuso gran problema, en especial después de que Ela hiciera un
ELAXIUn escalofrío recorre mi espina dorsal en cuanto el abogado pide hablar conmigo a solas. Ozzian, al principio, se niega a dejarme sola, pero lo convenzo. Me remuevo incómoda en el asiento mientras observo que busca algo en una enorme carpeta de cuero negro.—El testamento que le leí hace unas semanas es el real, pero hay otro, o, mejor dicho, uno con una cláusula que debía cumplirse.Tenso el cuerpo.—Como sabe, la última voluntad de su padre fue que usted se casara con el joven Gael Turner, para que pudiera tener acceso a toda la fortuna. Su padre siempre se preocupó porque no se quedara sola y todo lo que hizo fue pensando en su bien. Quiero que eso le quede claro.—Lo sé.—Bien, llegados a este punto, tiene que saber que, si usted se niega a casarse con Gael Turner, entonces perderá todo, incluyendo los derechos de la empresa, todo por lo que su padre luchó. ¿Está dispuesta a dejar todo eso por ese chico?Asiento lento.—Tiene que estar segura. Además, ese chico es pobre. Per
ELAXIEn cuanto Marie termina la llamada de Ozzian, siento que estoy viviendo de nuevo el mismo infierno que viví con Oliver cuando me mantuvo encerrada dentro de aquellas jaulas.—Ozzian, siempre tan considerado —chasquea la lengua—. Es tan lindo, él me ama, estoy segura. Tú solo eres una etapa de confusión que le tiene vendados los ojos.Trago duro y trato de respirar con profundidad.La luz se había ido y Marie aprovechó que estaba cerca de uno de los interruptores y la salida, por lo que me arrastró en medio del caos. Aún no descifro cómo es que logró colarse a la cena de gala; de lo que sí estoy segura es que me ha sacado a uno de los salones adyacentes, uno que se aseguró de que estuviera vacío.—No tenemos mucho tiempo —dice de repente.—Marie, no sé qué es lo que tramas, pero tienes que parar.La palma de su mano golpea parte de mi rostro; el ardor por el golpe recorre la mitad de mi cara. La bilis se me sube a la garganta. ¿Qué demonios hace ella aquí? No lo comprendo, es que
OZZIANSigo con la polla dura cuando llego a la casa de Ela. Maldición, esa chica se ha vuelto mi droga, una que, si no consumo, muero. Aún sigo resentido con ella por haberme dejado en las sombras y hacerme creer que estaba muerta. Pensar en los días en los que estuve muriendo por imaginar un mundo en el que ella no estuviera respirando me pone de mal humor.Ela está viva, aquí, y acabamos de follar. Ella me dijo que me ama; aunque debería ponerme feliz al escuchar eso, no es así. También lloró; vi la infelicidad en su mirada, sus ojos apagados. Le rompí el corazón y no encuentro la manera más rápida de detener su sufrimiento y acabar con su dolor.Ella se veía tan comible que estoy a dos segundos de darme la vuelta e ir por ella, secuestrarla. Kabil me ha mantenido al tanto de lo que ha estado pasando con la empresa de su padre y los demás socios, incluyendo los padres de Gael Turner, el idiota que cree que me la puede quitar.Me amenazó; no tiene idea de la clase de alimaña en la q
ELAXINo me puedo concentrar, he estado pensando una y otra vez en Ozzian, en todo lo que acaba de pasar. Gael no responde mis mensajes; luego de que se fue, intenté llamarle, pero nunca atendió mis llamadas. Sigue sin hacerlo. Quise, por impulso, ir a su casa y aclarar las cosas entre los dos, pero la idea de encontrarme con sus padres me acobardó. No tenía el ánimo de enfrentarme a Diego Turner, mucho menos de darle explicaciones a Claudia.Ozzian me está causando demasiados problemas, pero, muy en el fondo, mi corazón sigue latiendo por ese ingrato.—¿Elaxi?Espabilo y miro la cara de Johana, la mujer que era secretaria de mi padre y ahora es la mía.—¿Te encuentras bien? No tienes buena cara.Miro a los miembros del consejo; nos hemos reunido de nuevo para tratar el tema del nuevo comercio con los socios japoneses.—Sí, lo siento, no dormí bien —murmuro.—Elaxi, hemos sido muy condescendientes contigo por la muerte de Bernat. Entendemos que tu vida ha sufrido un cambio de ciento o
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