La noche caía sobre la ciudad mientras observaba las luces que titilaban a través del ventanal del ático de Nathaniel. Me sentía extrañamente en paz, como si hubiera encontrado mi lugar en el mundo después de tanto tiempo vagando sin rumbo. Sus manos rodearon mi cintura desde atrás y su aliento cálido acarició mi cuello, enviando escalofríos por toda mi columna.
—¿En qué piensas? —susurró contra mi piel.
—En cómo hemos llegado hasta aquí —respondí, reclinándome contra su pecho—. En cómo un cont