El tiempo se detuvo. Así es como lo recuerdo. Un segundo estábamos caminando por el estacionamiento subterráneo, Nathaniel sosteniendo mi mano mientras reíamos sobre alguna tontería que había dicho durante la cena, y al siguiente, el mundo explotó en caos.
El chirrido de neumáticos fue lo primero que escuché. Un sonido agudo, metálico, como uñas arañando una pizarra. Nathaniel se tensó a mi lado, su cuerpo reaccionando antes que su mente.
—¡Sophie, abajo! —gritó, empujándome contra el suelo con