Mundo ficciónIniciar sesiónMAXIMILIAN FERRERO
El refugio de Thomas era un espacio liminal entre la libertad y el olvido. Se trataba de un antiguo sótano industrial reconvertido en un loft minimalista, oculto bajo una imprenta abandonada en los límites del Distrito 4. No había ventanas, solo muros de hormigón armado y un sistema de ventilación que siseaba como una serpiente metálica durante toda la noche, un recordatorio constante de que incluso el aire que respiraba estaba bajo tierra.
Pasé los primeros días sumergido en una neblina de antibióticos y dolor físico. Thomas, actuando con la precisión de un cirujano y la lealtad de un hermano, se encargó de desinfectar las heridas de mi espalda y de vendar mi hombro. Cada vez que el antiséptico tocaba mi piel, la quemazón me recordaba el salto desde la furgoneta. Pero el dolor físico no era nada comparado con el vacío que empezaba a crecer en mi pecho.
—Tienes que comer, Max —decía Thomas, dejando una bandeja con comida de re







