Mundo ficciónIniciar sesiónMAXIMILIAN FERRERO
El trayecto hacia la residencia de montaña fue un ejercicio de tortura psicológica. Viajamos en el asiento trasero de un Bentley blindado, con la ciudad quedando atrás como un recuerdo borroso. Victoria no soltó mi mano ni un solo segundo; sus dedos estaban entrelazados con los míos, una presión constante que me recordaba que, aunque mis heridas físicas habían sanado, mis cadenas segu&iacu







